Tener tu primer bebé y recibir una llamada de tu jefe para proponerte un traslado a Europa es tan estresante que sólo pude darle lactancia materna a Alessandro pocos días. Al cumplir los 2 meses de edad abordamos un avión con destino a Milano, ciudad donde viviríamos para estar cerca de la oficina y como punto estratégico para los cientos de viajes. ¿Qué no les he dicho en qué trabajamos? pues mi marido y yo estamos recorriendo el largo camino que un piloto debe cumplir para llegar a la Fórmula 1, así que yo me encargo de todo lo que es departamento de comunicaciones y redes sociales mientras que Umberto (mi esposo) viaja y entrena con Sebastian (piloto). Créanme, la adrenalina y olor a gasolina nos acompaña a diario.

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El vuelo Caracas-Madrid lo hicimos con AirEuropa y las aereomozas (azafatas) nos facilitaron una cuna para el bebé. Recuerdo que despegamos a las 9:50 de la noche y afortunadamente solo se despertó una vez para tomar biberón (tetero) y siguió dormido. Antes de despegar debo confesarles que tengo un método mágico para que Pomodoro siempre esté tranquilo en los vuelos, le hago tomar (según edad y peso) un poco de Ibuprofeno, para el dolor de oído, y un poco de antialergico y así volamos felices él, papá, mamá y todos los que van a bordo.

Al llegar a Lissone mi primer reto sin duda fue el idioma y la necesidad enorme que tenía de entender y hacerme entender para poder hablar con la pediatra y las enfermeras que iban a vacunar a Pomodoro. En Venezuela el calendario de vacunación es distinto al igual que el régimen de alimentación por lo que al toparme con la doctora Marzia Santamaria casi me da un infarto al escuchar que mi bebé de 5 meses debía comer de todo y probar un “cucchiaio di nutella” y… ¿adivinen? sí, me tocó darle una cucharada de nutella a esa edad. En Italia manejan la teoría que todo lo que coma el bebé antes de los 7 meses no desarrolla alergias así que mi pequeño Pomodoro comió pescado, granos, chocolate, yogurt y todas las frutas antes de los 8 meses y afortunadamente nos fue de maravilla. A lo único que no quise someterme fue a intentar darle leche de vaca (leche entera) por lo que sostuve la leche de continuación (fórmula) por unos meses más.

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Tanto en Italia como en España las vacunas no van de la mano de la pediatra. Debemos acudir a centros de salud donde las enfermeras llevan el control de las inyecciones mientras  que los pediatras verifican estado de salud, enfermedades y crecimiento en general. Sin duda el cambio de cultura fue duro pero lo peor es tratar de adaptarte algo que está tan lejano de tus costumbres, entender que si vives en ése país pues deber hacer las cosas como las sugieren ahí y no como tu llevas toda tu vida haciéndolo. Aún recuerdo las palabras de la doctora Santamaria en una de sus consultas: ” ¿Dónde vives tu? En Italia entonces debes hacer todo lo que yo te diga si vas a seguir haciendo lo que te dicen en Venezuela pues mejor es que te busques otra pediatra”… quedé muda y me sentí muy mal.

Espero tener tiempo para al menos hacer dos publicaciones semanales sobre nuestra vida. Déjenme comentarios, dudas, sugerencias y demás.

Gracias

Mey, la mamá del Pomodoro